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Incluso algunos de sus partidarios están decepcionados de que el COVID-19 no le inyectó humildad a Trump

Cuando José Antonio Reyes Dupont murió a principios de septiembre después de una batalla de tres semanas con el COVID-19, su hijo quería enviar la factura del funeral de $10.000 dólares al presidente Trump.

Reyes, de 84 años, fue un republicano de toda la vida y un acérrimo partidario de Trump que le creyó al presidente cuando dijo al principio de la pandemia que la nación tenía el virus “totalmente bajo control” y que no era peor que la gripe.

Su hijo, Marco Reyes, un demócrata de 38 años, todavía estaba de luto cuando encendió la televisión esta semana para ver a Trump jactarse ante sus partidarios en un mitin de campaña en Pensilvania sobre su reciente recuperación del virus.

“Una gran cosa de ser presidente, si no te sientes al 100%, tienes más médicos de los que pensabas que existían en el mundo”, manifestó Trump entre vítores.

Continuó diciendo que se “sentía como Superman” después de recibir un tratamiento experimental de anticuerpos “milagroso”.

Solo en su sala de estar en las afueras de Miami, Reyes apenas podía contenerse.

“Literalmente quería saltar a la televisión y regañarlo”, dijo.

Trump “dice que obtuvo una cura ‘milagrosa’”, destacó Reyes. “Mi papá no lo hizo”.

Reyes había esperado que la batalla de Trump con el coronavirus fuera una experiencia humillante. En cambio, el presidente sigue siendo tan arrogante como siempre al hablar de la enfermedad.

Su acceso a un tratamiento de vanguardia y su indiferencia, resumida en un tuit que aconseja “no le temas al virus”, han sido fuentes particulares de resentimiento para algunas de las familias de las 217.000 personas que han muerto.

En las habitaciones de los hospitales de todo el país, los pacientes comienzan a preguntarse si ellos también pueden recibir el mismo trato que el presidente. Las familias de los que murieron han empezado a cuestionarse si se podría haber hecho más.

El brote de COVID-19 en la Casa Blanca ha vuelto a centrar la atención en cómo Trump ha lidiado con la pandemia, su mayor responsabilidad política.

Una encuesta del Washington Post / ABC publicada el fin de semana pasado encontró que el 58% de los votantes desaprueba cómo Trump ha manejado la pandemia.

Muchos de ellos son demócratas, pero en entrevistas incluso los partidarios del presidente dijeron que parecía carecer de empatía por los que han sufrido.

Glenn Perkins, un trabajador de la construcción jubilado de 74 años en Phillipsburg, Nueva Jersey, que estuvo hospitalizado durante 32 días en la primavera por COVID-19, dijo que el presidente no debería ser “tan franco y orgulloso”.

“Yo apoyo a Trump. Pero como presidente uno no anda pavoneándose”, comentó Perkins. “Con eso no estoy de acuerdo. El Covid es algo serio”.

“No tengo envidia de que haya recibido este trato especial, me alegro que eso haya sucedido, pero el presumirlo y sentirse orgulloso, no debería ver solo por sí mismo, sino por todas las personas que fallecieron”.

Según sus médicos, Trump recibió tres tratamientos principales: el esteroide Dexametasona, el medicamento antiviral Remdesivir y anticuerpos que fueron desarrollados por Regeneron y que aún se están probando en ensayos clínicos.

El presidente también recibió oxígeno suplementario y tomó vitamina D, Famotidina, Melatonina y Aspirina, dijeron los médicos.

Es imposible saber qué tratamientos lo ayudaron a recuperarse, o cómo le hubiera ido sin ellos.

En manifestaciones recientes, Trump prometió que todos los estadounidenses pronto podrían tener acceso a su nivel de atención. El martes, en el mitin de Pensilvania, dijo que la tasa de mortalidad por COVID-19 pronto sería “perfecta”.

“Ese medicamento que me dieron, lo vamos a estar distribuyendo por todo el país a los hospitales y todo lo demás, porque ya les dije, eso funciona”, declaró. “Esa es mi opinión. ¿Que sé yo? Pero para mí funcionó”.

Su entusiasmo está suscitando dudas en algunos hospitales.

El Dr. Scott Ellner, director ejecutivo de Billings Clinic, el sistema de salud más grande de Montana, explicó en una reunión en línea de todo el personal esta semana que su centro médico en Billings llevaría cerca de 80 enfermeras, técnicos de laboratorio y otros trabajadores médicos para ayudar a lidiar con las tasas de infección que han aumentado drásticamente en algunas partes del estado.

Un miembro del personal quería saber: ¿El hospital proporcionaría el mismo nivel de medicamentos que recibió el presidente?

Ellner explicó que el hospital proporciona Dexametasona y Remdesivir pero que no tiene acceso a los anticuerpos monoclonales.

“Si pudiéramos tener acceso a estos tratamientos novedosos, estaríamos abiertos a cualquier asignación que esté disponible”, comentó en una entrevista.

En Los Ángeles, el Dr. Otto Yang, un especialista en enfermedades infecciosas de la escuela de medicina de UCLA, dijo que escuchó preguntas similares.

Pero advirtió contra la creencia de que el tratamiento con anticuerpos era “mejor de lo que la persona promedio puede recibir”, a pesar de que Trump lo describió como un “milagro”.

“El tratamiento se encuentra en ensayos clínicos y aún no se ha demostrado que sea eficaz o seguro”, destacó.

Algunos partidarios de Trump dijeron que la recuperación del presidente es una razón para sentirse esperanzados en la lucha contra la pandemia.

“Espero que la élite alrededor de nosotros reciba una mejor atención médica”, dijo Joey Camp, un cocinero de 31 años en un Waffle House en Cartersville, Georgia, que contrajo el virus en marzo y necesitó oxígeno suplementario para ayudarlo a superar eso.

Camp, que pasó 10 días en un sitio de cuarentena estatal, a sus 31 años, señaló que Trump “recibió un mejor tratamiento y salió del hospital después de solo tres días a su edad”.

“Ese avance médico”, dijo, “me da la esperanza de que dentro de tres o seis meses o el tiempo que tarde en aprobarse la vacuna, podremos comenzar a tratar el coronavirus como la gripe”.

Para Charlene Hughes el mensaje que le dejó la experiencia del presidente fue diferente.

Hughes, una cuidadora que vive en las afueras de Minneapolis, contrajo el virus en la primavera mientras trabajaba en la casa de una pareja de ancianos, uno de los cuales murió.

Hughes, que tiene 41 años y padece una enfermedad autoinmune, sufrió semanas de dolores corporales, fiebre y tos. No tuvo que ir al hospital, pero acumuló cientos de dólares en facturas de seguro que tiene que pagar de su bolsillo, como las radiografías para controlar la presencia de líquido en los pulmones.

Hughes dijo que estaba sorprendida de ver la rápida recuperación de Trump y su acelerado regreso a la campaña.

“La gente ha estado arriesgando sus vidas, mientras que el presidente ha minimizado la gravedad de este problema”, manifestó. “Su atención médica simplemente afirma las disparidades en la atención a la salud en este país”.

Para leer esta nota en inglés, haga clic aquí.

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